La industria española del motor debe renovarse o morir

La industria española del motor debe renovarse o morir

Eso es lo contundente que suena, y eso es lo contundente que es. El automóvil cambiará a una velocidad enorme dentro de 20 años, hasta que rara vez sea reconocible. La mayoría de los ingenieros industriales creen que se debe hacer una transición energética futura.

ÉL. Felipe VI con trabajadores de Renault en Valladolid, en visita oficial

Durante décadas, la industria automotriz española se ha beneficiado de múltiples pedidos de fabricantes, todo en manos extranjeras si ignoramos el poco tiempo que SEAT fue independiente en los años 80. Hemos sido un excelente productor de automóviles populares y de trabajo, especialmente furgonetas.

La apertura de España al mercado común europeo nos fortaleció como un buen país para producir. Solo Alemania está por delante de nosotros. Los trabajadores han tenido que someterse a numerosos ajustes y transformaciones, y allí continúan. España es un país competitivo cuando se trata de producir y con un fuerte tejido de industria auxiliar.

Sin embargo, hasta hace muy poco, éramos principalmente un fabricante de vehículos de producción en masa, para la mayoría. Solo se fabricaban híbridos y eléctricos, cuando está claro que en el futuro esa será la norma, no la excepción. Poco a poco, comenzaron a salir modelos de energía alternativa Made in Spain.

I Conferencia sobre movilidad eléctrica y su ecosistema, organizada por ANFAC, IEEE y SAE

Ayer se conocieron los datos del tercer Barómetro Industrial, realizado por el Consejo General de Ingeniería Técnica Industrial de España (COGITI), el Consejo General de Economistas (CGE) y la Fundación Caja de Ingenieros. Este barómetro se utiliza para medir la opinión de los profesionales.

La mayoría (34.4%) de los encuestados cree que en 2040, a más tardar, las plantas tendrán que ser transformadas para adaptarse a nuevos motores con un mayor o menor grado de prominencia de motores eléctricos. Si, después de esa fecha, no nos hemos adaptado, la crisis será un campeonato.

Una minoría, 13.67%, cree que evitar el registro de vehículos nuevos con motores convencionales en 2040 significará el fin de nuestra industria. ¡Apocalipsis! Como si no dependiéramos de otros países europeos, ya que exportamos más del 80% de lo que producimos …

Opel Corsa-e, producido en Zaragoza, llamado a electrificar el segmento B

Más optimistas son el 28,14% que creen que este límite obligará a la industria a reciclar, no solo a nivel productivo, sino también a nivel laboral, descartando los perfiles más obsoletos y dando más protagonismo a otros profesionales con un perfil más acorde con Los nuevos tiempos. Sí, se perderán empleos, pero se generarán otros. Karl Marx no tenía claro ese último concepto.

Además de producir vehículos más eficientes, el modelo basado en fósiles también debe dejarse atrás, especialmente como un país que debe importar casi toda la energía que consume del exterior. El 93% de los ingenieros técnicos industriales y graduados convergen que la transformación de energía es necesaria y que hay que apostar duro por las energías renovables.

¿Podremos alcanzar una producción totalmente renovable en 2050? Dos de cada tres no lo creen posible, el resto tiene esa confianza. En el horizonte 2050 no habrá más centrales nucleares o de carbón, lo poco que quedará fósil será gas natural, ciclos combinados o biomasa. Y de lo que sigue siendo fósil, ya será muy minoritario.

Renault Captur e-Tech, híbrido enchufable fabricado a nivel nacional

La energía es muy importante en un país productor, por lo tanto, sus precios son más competitivos es un factor clave. El 28.8% de los encuestados cree que la industria debe beneficiarse primero de un precio competitivo (más renovable, menos fósil), el 18.1% aboga por un pacto estatal en asuntos industriales -los veo con gran fe-, y el 13.4% cree que el objetivo es estimular y facilitar recursos para innovar, mejorar la tecnología y dar más peso a la digitalización.

Creo firmemente que la industria española podrá resistir el ataque de la ola de transformaciones tecnológicas que se avecinan. Para lo peor que hemos pasado, en toda la crisis económica (desde 2008) solo la deficiente planta de Linares (Santana & # 39; s) y una de Irisbus en Barcelona han cerrado los autobuses. El resto soportó al chico. Y lo soportarán nuevamente.

Por supuesto, la colaboración de los fabricantes es clave. Una vez que haya pasado la ola del "Brexit", que merece un análisis por separado, y sus consecuencias, mientras sigamos siendo un país atractivo, competitivo, incontrovertido y serio, las fábricas continuarán aceptando pedidos y producirán lo que sea su turno. . Solo quedan las plantas menos preparadas, pero tenemos varias perlas de Volkswagen, Ford, PSA, Renault … y eso es mucho decir …

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