Madrid fue la ciudad europea con el aire más contaminado, antes de Madrid Central

Madrid fue la ciudad europea con el aire más contaminado, antes de Madrid Central

Un estudio corrobora la necesidad de implementar medidas permanentes para reducir la contaminación del tráfico rodado en Madrid, tomando datos de 2015 para una mayor precisión. Y así debería ser, a pesar de que los calentadores son una gran parte del problema.

Tras despejar la nieve y el hielo que dejó Filomena, casi en su totalidad, la mitad de España vuelve a la normalidad. Una de las zonas más afectadas fue la Comunidad de Madrid, especialmente la capital, donde la movilidad terminó drásticamente reducida. Y a pesar de todo, la etapa 1 saltó debido a la alta contaminación del sábado.

Si bien la capital continuaba con un tercio de sus calles intransitables por acumulación de nieve y hielo -incluso para más de una camioneta preparada- y el tráfico seguía siendo escaso, desde la distancia se podía ver la «boina» de la contaminación atmosférica. Esta vez los culpables no fueron tanto los vehículos, sino los calentadores.

Las temperaturas polares se han disparado el consumo de calefacción y todavía quedan viejas calderas de carbón y diésel

El protocolo anticontaminación ha acabado por desactivarse y sin pasar al escenario 2. Esto produce un debate recurrente y tedioso, por qué es necesario limitar el tráfico si la culpa es de la calefacción. Para empezar, eso es falso si no tenemos en cuenta otro fenómeno, la inversión térmica.

Durante más de dos días esta fue la única forma de moverse por la Comunidad de Madrid y gran parte de la Península, en jeep – Fotografía: @Juanjo_LCB (Twitter)

Las condiciones climáticas no han permitido que la contaminación generada sea evacuada fuera de la capital -y tantos kilómetros a la redonda- debido a la inversión térmica, que actúa como tapón. Aunque no se genera más contaminación, ahí está. Y, por supuesto, los calentadores han estado a tope para temperaturas muy por debajo de cero.

Las calderas más antiguas producen mucha contaminación, especialmente con los sistemas de calefacción central donde el calor es excesivo en las casas debido a una regulación ineficaz (o inexistente).

Seguro que hoy has podido leer varios titulares que dicen que Madrid es la ciudad europea con mayor contaminación que se traduce en la muerte de ciudadanos. La mayoría de estos titulares están en presente simple, «Madrid es», por lo que son incorrectos. El error cometido es el mismo, el tiempo.

Estas noticias hacen referencia a un estudio denominado «Mortalidad prematura por contaminación atmosférica en ciudades europeas: una evaluación de impacto en la salud», publicado en la revista The Lancet, y en el que han participado científicos españoles. Se han tomado datos de contaminación del aire de 1.000 ciudades, pero estos datos son de hace cinco años, de 2015. Los propios autores indican que no se puede extrapolar al presente sin nuevos datos.

Contaminación del aire visible desde Vallecas (2017) – Foto: gaelx (Flickr) – CC BY-SA

Si en 2015 se hubieran respetado los niveles de contaminación por dióxido de nitrógeno (NO2) con respecto a los recomendados por la OMS, se habrían evitado 206 muertes en Madrid, la capital europea en el ranking de fatales. En Barcelona, ​​en sexto lugar (de 1.000 ciudades), se habrían evitado 82 muertes.

Y si se hubieran implementado medidas más restrictivas, ese año se habrían salvado 2.380 personas en Madrid y 1.883 en Barcelona. En ese momento existían medidas anticontaminación en las dos ciudades españolas, pero no fueron particularmente efectivas. Barcelona ya había establecido limitaciones de 80 km / h en las carreteras de circunvalación hace mucho tiempo.

Más de 70.000 personas mueren prematuramente en Europa cada año debido a la mala calidad del aire.

Por su parte, en Madrid existían zonas residenciales prioritarias en los barrios de Cortes (desde 2004), Letras (2005), Embajadores (2006) y Ópera (2015). En noviembre de 2015 entró en vigor por primera vez el Protocolo de Alta Contaminación en fase 1, con niveles más tolerantes que los actuales. Se endurecieron en sucesivas revisiones.

Perímetro de Madrid Central

El centro de Madrid tardó mucho en llegar, ya con un nuevo gobierno municipal (ahora Madrid, en lugar del PP), ya finales de 2018. Las multas no empezaron a emitirse hasta el año siguiente. Un área mucho más grande se convirtió en una zona prohibida, lo que redujo notablemente el tráfico de vehículos.

Cuando el PP recuperó la alcaldía, en 2019, una de sus medidas estrella fue la retirada del Madrid Central, que duró una semana porque intervino la Justicia. Y desde entonces sigue ahí, funcionando, y el alcalde José Luis Martínez-Almeida ha cambiado su discurso al respecto. Aterrizar en la realidad a veces duele. Al final, Madrid Central evolucionará a Madrid 360, lo mismo y más.

Tanto el Madrid Central como la ZBE de Barcelona tienen excepciones por no ser un cierre hermético e incondicional

Barcelona tampoco es lo mismo, se ha establecido una prohibición permanente de circular con vehículos sin etiqueta medioambiental, empezando por coches / motos, y acabará con vehículos pesados ​​posteriormente. De 07:00 a 20:00, durante la semana, los vehículos sin credencial no podrán circular dentro de la Zona de Baja Emisión (ZBE). También afecta a localidades adscritas a la capital catalana.

Zona de Baja Emisión (LEZ) de Barcelona, ​​una medida que entró en vigor en 2020 y tardó meses en enviar multas -debido a la pandemia-

Por supuesto, no podemos hablar en el presente (2021) con datos de años atrás (2015), cuando el patrón de movimientos ha cambiado mucho. En 2020 también se produjeron cambios radicales con el encierro, el auge del teletrabajo, una reducción de la actividad económica a la bestia, y un cierto éxodo de población hacia lugares con más acceso al aire libre. Madrid y Barcelona han cambiado.

También está claro que se deben tomar medidas impopulares con base en los datos de 2015, y aunque se han tomado, no son suficientes para prevenir muertes. Hoy las muertes diarias son una medida mucho más relativa porque nos hemos vuelto insensibles por el flujo constante de muertes por COVID. Sin embargo, la gravedad del problema sigue ahí.

Además, si se consolida la teoría de que la contaminación en las grandes ciudades está ligada a un mayor impacto del COVID-19 (se nota mal todo lo que afecta al sistema respiratorio), con el tiempo también se podrá hacer una correlación entre el aire sucio y muchos más muertes de las que hablamos antes. Más muertes que terrorismo, violencia de género, crimen organizado, peleas, accidentes de tránsito, suicidios y otras causas no naturales.

Contaminación atmosférica-smog fotoquímico- de Collado Villalba (Madrid) a finales de 2020 – Fotografía: Javier Costas – CC BY-SA

A nivel nacional también hubo un cambio de gobierno, del PP a la coalición PSOE / Unidos Podemos, y aún no ha salido una legislación más restrictiva que tome más en serio la salud de los ciudadanos y aplique medidas más contundentes. Y tiene que afectar a los vehículos, la actividad industrial, la calefacción, etc. Es un problema multidimensional y hay que afrontarlo en varios frentes.

La normativa aplicable es la Ley 34/2007, de 15 de noviembre, de calidad del aire y protección de la atmósfera. En definitiva, la ley obliga a las ciudades de 100.000 habitantes o más a medir la contaminación, tener planes para mitigarla y, si aumenta, notificar a la población y aplicarlos. Por supuesto que no es suficiente.

Aunque el efecto del calentamiento y la inversión térmica es innegable, tratar de eliminar la contaminación del tráfico de la ecuación es no querer admitir la realidad (o estar fuera de ella). Este debate es estéril y los datos lo dejan claro. El tráfico no es el único culpable, pero es al menos un colaborador necesario en este crimen.

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